lunes, 13 de julio de 2009

TRECE ALFILERES






Ha muerto.
el sastre ha muerto
Nadie sabe cómo ni desde cuando
lleva trece alfileres clavados en el corazón.
Viudo
hinconado
desarmaba los vestidos de su difunta esposa
observaba por la ventana,
tomaba café y los volvía armar.

Braulio había dejado de llorar pero no su oficio:
la aguja que hería y el hilo que ahorcaba,
puntada tras puntada
maquina en los vestidos donde un día hubo hombros
que mordió, que lloró,
donde un día soñó con el sosiego del vientre a mediodía virgen,
donde un día beso suaves senos de aurora,
vagina de terciopelo y galopante corazón
-¿y el dorso extenso que su lengua conquistó
de lunar a duna y de duna a lunar?
No hay más rostros sonriendo en la amanecida del espejo
ni un grito, sólo el silencio y el instrumento de aire triste,
el caminante solitario del saxo desde el vitriolo nocturno,
urgente medianoche
y soledad…

Trece alfileres en su interior
y un hilo negro empapado de sangre
unía ventrículos, arterias,
cruzaba con ojos cerrados la hendidura de un anillo de bodas
y un abismo

Ya hace unos meses había caído en cama y no estaba convencido.

No fue ya un hilo negro sino uno gris
que ataba las articulaciones y los nervios,
él dejaba caer las tazas y le templaban los pies.
Con hilo blanco después ahorcaba los cartílagos,
columpiaba los huesos y en las costillas una telaraña
atrapaba la luz.
El hilo marrón amarraba el insomnio y la madrugada,
las ojeras flotaban en el café.
El hilo lila recorría los intestinos, el estomago, los pulmones,
los caminos del hambre y el paso taciturno del aire
desde el pecho a la garganta,
garraspera y tos,
garraspera voz hasta dejar puntillas atadas en la lengua,
unas sobresalidas en la nariz
y otras que abrazaban botones rojos que tapiaban las orejas
y los ojos de caramelo carbón…

Y no, vaya que no estaba convencido,
el pobre viejo desahuciado dejaba correr el hilo del dolor
por las neuronas hasta su cerebro,
aquí era donde él se detenía ha pensar en todos los recuerdos,
entonces era el hilo azul que lo salvaba
lo tomaba de la mano cuando estaba apunto de caer,
el hilo azul que brotaba desde su cráneo,
por eso tenia la cabellera azul cuando anoche lo encontraron,
la cabellera azul atada a la almohada como una barca al muelle,
como la almohada atada a los sueños,
como los sueños atados a Benita,
a la muerte y a los trece alfileres clavados
en el corazón.

1 comentario:

  1. La vida es esto. Prestémosle atención a los
    detalles. Al calorcito humeante del pis, a sacar la basura, a viajar apretados
    en colectivo. Si no disfrutamos eso, ¿qué nos queda?

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