sábado, 2 de mayo de 2009

CARTA AL ABUELO






Ya sé que no estarás allí, sentado junto a la ventana, esperando a todo el mundo, en el sillón leyendo el diario o en la cama haciendo la guardia al gemir de la puerta de afuera, a la bulla de los niños, a la locura y la conversación de los mayores, de pronto te asomes un par de veces y nos mires…
Entonces eras tú, al son de la costumbre de querer abrir siempre la puerta o contestar el teléfono (tapa al muerto) como si estuvieras esperando que llegaran desde muy lejos o que escucharas la voz que no escuchas ya hace tiempo, sentado y todo afuera, el gorgotear del lavadero, la abuela que lee su nuevo libro de cocina y pasa las páginas medio llorosa, los chicos que juegan en el patio y nadie los riñe, las ramas del mango fantasma que alientan metafísica, en el columpio alguien mece, el árbol de afuera está tan triste como yo, ahora duermes el sueño del cenital vespertino y las flores caen al piso lerdamente: agónicas, imparables…







Así la sombra arreó en nuestros vestidos, esta sombra que es más onda que la noche y las ojeras, más negra que el café, tan gris como el ser cabizbajo que pasa por la sala sin ser visto, opaco, en lontananza de la lontananza del día que bailaste hasta cansarte, pocos minutos viejo, pocos minutos de pie, un movimiento de cadera, un pie y el otro, entonces era la danza del abuelo, todos reían y bailaban, bailaban y reían pero no lloraban como ahora el tan terrible llanto de las puertas cerradas, en cada una de las habitaciones, en cada almohada, en cada hombro, en los desahogados gritos de que ya no vuelves y que ya no te veremos más, y que el beso y el amor y el viejo y el abuelo y el padre y el espíritu y el tiempo imparable lleva las maletas negras y nuestros rostros húmedos, y no, claro que no estás apurado por irte como cuando tenías que viajar al norte o a algún otro lugar o alguno de nosotros, recuerdo muy bien, el reloj en tu boca siempre estaba adelantado, y “ya-ya-ya-ya-ya-ya—vamos-vamos-vamos-vamos” y arrastrabas los pies del apuro ensordecido, rápido, rápido, casi corriendo al taxi y a cobrar el adiós que no queremos darte ahora, porque aún queremos aferrarnos a la idea de que estás en la clínica moribundo pero carajeando o en la habitación dormido junto a la abuela, de pijama y de amor.








La sombra perpetró en todo nuestro hemisferio, como una enfermedad o plaga de un siglo -el abuelo ha muerto- Recibí la llamada a las 10 de la mañana, estaba en el warehouse 9, pasadizo D, oscuro, el dolor de espalda, el polvo que me hacia estornudar y un nudo en la garganta, un quipu que nadie cuenta porque queda ahogado en un remolino de sentimientos y las palabras no llegan ha serlo nunca, sólo nudos, mudos nudos, nudos en la garganta, recuerdos que de pronto se encienden como rascapies en las manos o estrellas fugaces descendiendo sobre nuestra mente, el pasadizo que se enfrenta a mi desánimo, la realidad que se queda en un caja de cartón junto a las solicitudes de crédito, yo quiero crédito para no llorar, para ser fuerte y no creer en nada de lo que me han dicho… pero es cierto, confirman la mala noticia, el abuelo ha muerto, a las 9:15 am, mas o menos justo cuando caigo de la escalera de madera, a esa hora, nudos mudos, rascapies, estrellas fugaces, el abuelo se asoma a la ventana, la abuela se rie, Quipu, polvo, pasadizo, la oscuridad acaricia mi existencia, el abuelo ha muerto, ¡estoy encerrado en una caja!: warehouse 9, pasadizo D, 23 de abril del 2009 a las 9:15 de la mañana soleada, el sol no sirve para nada, nudos, nudos mudos, nudos fríos, nudos grises, me duele la espalda, me duele toditita el alma…








Semana Santa, el último round, los golpes en la mejilla, en todo el cuerpo, casi cien años: la clínica, la casa, la clínica, la casa, la clínica. La brisa no va más sobre las cuerdas. Tu perdición en las sábanas blancas, sujeto a todo el respirar, con tanta fuerza... los ojos idos en galope de soles, en luces profundas, aliento, aliento, aliento, nombras: luna...luna...

-¿Qué hora es?

mañana, tarde, noche, la mano fuerte en otra,

-¡No me dejes solo!

-¡No estás solo!
No te quites la sonda, dame un carajo...

El bastón se cae sobre las cuerdas, la abuela llora, mi madre, tu madre, ustedes, nosotros, el sol no entra, el ultimo round, nombres descoordinados, el ultimo golpe, ¿cuerpo a la lona? -No… aún no- Las cuerdas, los cabellos de todas tus hijas, la cadena sanguínea, hilo de hormigas en el árbol de mango, ¿te pica el cuerpo?, ¿tienes sed?, no te quites la sonda ni las hojas secas del árbol de afuera donde las lechuzas estiran el ala, existir o no existir sobre las cuerdas, los brazos fuertes, la buena alimentación, las enfermeras cariñosas... ¿el ultimo golpe? -No… aún no- Nos persigue la tarde, corremos por las escaleras, la correa suena y resondra, el abuelo corre y juega trás de nosotros, sobre las cuerdas la agonía...

-¡Donde están todos!

-Aquí estamos...

-¡No me dejen solo!

Nomenclaturas de la luna, la energía aún... Te sostuve de la mano la última tarde que nos vimos, agüitas, agüitas, nonada, agüitas, sobre la cuerda, resiste los golpes, la brisa que apenas... estas sentado en la playa donde nunca te vi.










Sábado 25 de abril, había gente fuera de la casa, llegué con mi padre cerca del mediodía, de luto, todos, como un pozo las ojeras, había mucha gente que te conoció, pero no te asomaste, no más. La sala no era la sala, era otra, un cuadro que se despintaba en ataúd, en flores que se arrastraban sin bastón, en velas que opacaban el día. No más centavos, la correa enrollada en el cajón perdido, en alguna de las habitaciones repletas de desorden o en alguien que llora por las cebollas…
Voy al cuarto donde esta la abuela, destrozada como el ramo de flores que vi cerca de la entrada, se que esto no puede estar sucediendo pero lo está, ahora no eres tú el que dice: ¡Agüitas! ¡Agüitas! recostado en la cama, con la camisa medio desabotonada y el bibirí que cubre tu frágil y pálido cuerpo de hace un par de años…

-Allí viene, el agüitas, así te llamaba él, el agüitas…

Dice la abuela, echándose a llorar sobre el hombro de mi madre que también lloraba, en ese instante nadie sabia de donde caía tanto aguacero, todo era fenómeno del niño del 98 y no podía estar sucediendo pero… su enorme vestido negro, el gallinazo a la espera, no lo soporte y salí a saludar a los demás, me acerque con cuidado, tal vez dormías o habían agujeros en el suelo ocultos por algún pétalo o algún otro zapato, esta vez no te asomaste a la ventana, fui el que se asomó a ver y dormías, sin dolor, sin tropezón en la última escalera, no estabas abatido o sobre las cuerdas, sólo dormías, tan profundo, en el vidrio mi rostro reflejado lloraba, pero yo no, no quería llorar, no lo quería creer, el gallinazo que no se alejaba, las flores tan violadas por las horas, y se acercaba... el llanto del zócalo, el aullido de los perros, las palomas que se mueren -Te queremos en cualquier lugar, no en este- Un llanto me dio un golpazo, no hay canción más triste que todo este corazón. Lúgubre el abrazo, el pésame, lo siento, se fue, nunca más esto, nunca más el otro. Toman el paso. El columpio es un animal disecado y en el patio yace muerto el árbol de mango, hace mucho...

mucho tiempo.








La última oración, la última palabra, la última foto.
Mechita nos duele, tú nos dueles,
el rosario tiende el sudario en nuestro rostro,
el bisnieto deja de jugar,
el nieto llora diciendo carajo,
el hijo cae en una nube negra cerca de la madre,
el "no me dejes" y el "hasta que la muerte nos separe"
en una ronda de anisado o café,
y todos sufren de agüita de azar…
ay, mi madre se quiebra en amargura,
la abrazo y no me quiere,
quiere más su llanto,
la esperanza es un rescate mal ejecutado,
mal vivido,
trato de calmarla pero el ultimo round,
los nudos, las cuerdas,
todo en la telaraña de cruces,
de cintas negras que ahorcan a los metacarpos
y nunca más lo vamos a ver:
papito, papito, papito lindo, no nos dejes…








Y ahora el peso nos llega hasta aplastarnos, el féretro engarrotado en nuestros hombros, se va de la casa con todo lo que era suyo. La abuela no lo cree y recuerda su primera noche. Todos están atados al hilo negro, con una cruz en la frente, gafas negras, enormes avispas tristes, hermosos ángeles que han dejado de volar, el gallinazo lo hemos comido en la sopa fría, el árbol quiere crepitar, avenida G. P 708, la casa es una choza deshabitada, la avenida es el pasadizo de la clínica, la madrugada es un gran panteón sin ti, el colegio ha cerrado sus puertas, los negocios no venden nada, nuestros pies lloran en esta procesión, tu último camino lo andamos todos: a llanto, en "hasta nunca" de ruedas y un vago timón, pétalos que flotan, nubes que descienden…

-Si estas cansado me avisas- un buen hombre de la funeraria me dice.

Quiero caer y no caigo, quiero llorar y no lloro, quiero ser fuerte y lo soy…

-¡Humberto León Infante!...

–Presente,
presente,
presente,
presente…







La iglesia tiene santos que están tristes.
La cúpula sostiene un globo negro.
Tú miras al cielo y nosotros oramos.
Nuestras manos padecen juntas por un clavo,
nuestra alma navega en océanos de sombra
la oración de los muertos tiene presa
nuestras lágrimas, coágulos y nombres…
Campanadas,
Campanadas:
el ultimo round,
el cuerpo presente,
no recuerdo el padrenuestro…

2 comentarios:

  1. ala mario. esta tarde leí tu texto. lo imprimí porque es largo y es mejor leerlo en papel. valió la pena. me recordó mucho a cuando murió mi abuelo. los gallinazos, las calles de provincia, no sé. que bestia la metáfora de los quipus y esta imagen: El columpio es un animal disecado, en fi, todo el texto.
    si es biográfico, lamento mucho lo de tu abuelo. cuando el mío murió y lo llevamos por la calle sentí que él estaba bien, junto al sol y los gallinazos
    un abrazo

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  2. Anónimo3:33 p. m.

    habla ! , es triste llegar a casa y no encontar al abuelo en la ventana ,tu escrito lo resume todo, el dolor , el recuerdo y el adios , pasara mucho tiempo y su mirada triste no se borrara de nuestra mente , humbertito es eterno en nosotros

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