domingo, 5 de setiembre de 2010
II FERIA DEL LIBRO DE BERNAL
II FERIA DEL LIBRO DE BERNAL
“SANTOS JUAN TUME PINGO”
El Instituto para la formación de la lectura en el Perú (INFOLECTURA) con el patrocinio de la Municipalidad Distrital de Bernal, organiza la II FERIA DEL LIBRO DE BERNAL, la misma que se llevará a cabo del 24 al 26 de setiembre, cerrando las actividades de aniversario de este distrito, ubicado en la Provincia de Sechura, Región Piura. Este evento cultural permitirá fomentar la lectura y elevar la cultura de los habitantes del distrito de Bernal y toda la provincia de Sechura.
Esta II Feria del Libro lleva el nombre de SANTOS JUAN TUME PINGO, como un homenaje al hijo de este pueblo que trabajó por el desarrollo cultural de Bernal, siendo uno de los impulsores para la creación de la Biblioteca Pública de Bernal; promoviendo la calidad educativa a través de eventos pedagógicos con docentes y estudiantes; siendo uno de los creadores de la primera revista cultural de su pueblo: “Amanecer Bernalense”; aportando al rescate y difusión del folklore y las costumbres de Bernal; siendo un entusiasta integrante del equipo organizador de la I Feria del Libro de Bernal y la II Feria Internacional del Libro de Piura; y por su labor literaria que se reflejó en la constante publicación de cuentos, que junto a otros inéditos han sido reunidos en el libro “El canto de las lechuzas”, a publicarse póstumamente. Satos Juan Tume Pingo, hace un mes, partió a la eternidad dejando su ejemplo y su trabajo como derroteros para avanzar a la elevación cultural de los pueblos.
Este año contaremos con la presencia de una mayor cantidad de invitados, entre escritores, poetas, músicos y periodistas. Entre ellos tenemos:
Arequipa: Oswaldo Reynoso /
Ayacucho: Sócrates Zuzunaga, Willy del Pozo, Grupo Musical Urpichallay /
Cusco: Jonathan Chacón /
Lima: Dante Castro, Carlos Rengifo, Julio Cabrejos, Giancarlo Andaluz, Marko Polo y Giuliana Llamoja /
Chimbote: Ricardo Ayllón /
Trujillo: Alejandro Benavides, Bethoven Medina, David Novoa, Gerson Ramírez, César Olivares y Oscar Ramírez /
Cajamarca: Diómedes Morales /
Piura: Juan Félix Cortés, Harold Alva, Teodoro Alzamora, Cosme Saavedra, Mario Morquencho, Fabián Bruno, Reynaldo Cruz, José Lalupú, Eugenio Amaya y Gilberto Vegas.
Hacemos la cordial invitación a toda la comunidad norteña del Perú, en especial a la region Piura, para darse cita a la Plaza Cívica “Ramón Castilla”, y vivir con entusiasmo estos tres días de actividades culturales en los que se ofrecerán presentaciones de libros, ofertas editoriales, promociones del plan lector, conferencias magistrales, talleres, actividades infantiles, expo-venta de libros, así como espectáculos musicales. Nuestra meta es congregar a más de tres mil visitantes entre autoridades, escritores, estudiantes de las diferentes instituciones educativas, profesores, grupos culturales y colectividad en general.
JORGE LUIS TUME QUIROGA
Presidente de la Comisión Organizadora
Para ver el programa de la feria ingrese a:
http://www.noticiasdebernal.blogspot.com/
http://www.infolecnoticias.blogspot.com/
Y para conocer el maravilloso pueblo de Bernal ingrese a:
http://www.bernalpiura.blogspot.com/
Informes: Telf. 947915046 - RPM *690982
Se ruega difundir.
http://www.infolecperu.blogspot.com/
martes, 29 de junio de 2010
NOTABLE DEBUT: MARIO MORQUENCHO EN "EL MISTERIO DE LA POESÍA" DE LA REVISTA CARETAS
Más de una vez me he referido a la renovada vitalidad del movimiento Hora Zero en base a la plena vigencia y actividad creativa de sus fundadores, el contar en sus filas con representantes de todo el país y la incorporación de poetas de las generaciones más recientes. El 22 de abril Tulio Mora, Paul Guillén y Karina Valcárcel presentaron, en el Salón Hora Zero del Bar Queirolo, en el jirón Camaná, el libro “Ciudadelirio”, de Mario Morquencho (Sol Negro editores, Lima, 2010).
Morquencho nació en Los Órganos, Piura, en 1982, y vive en Lima a partir del 2006. Es un poeta con todas las de la ley, que tiene una amplia gama de recursos técnicos y expresivos y los administra con soltura en referencia a una megalópolis a la que no termina de acostumbrarse. Habrá que seguirlo con atención... Un poeta hecho y derecho (Adolfo Polack, Revista Caretas, 17-06-2010)
Fuente: Caretas - Sol Negro
viernes, 21 de mayo de 2010
CIUDADELIRIO DE MARIO MORQUENCHO
Por: Fernando Odiaga Gonzales
El Libro Ciudadelirio de Mario Morquencho es la conciencia emergente de un hombre de provincia, forastero en esa metrópoli sicótica que es Lima la horrible, la de Salazar Bondy, en la que hay: “Un dulce malestar de Enero a Enero y un estarse muriendo todo el año”. Dicha conciencia emergente es lo que surge de la aprehensión y comprensión de las vivencias, las imágenes, que se presentan día a día en la gran ciudad, como una especie de extravío, un trastorno, en suma: un delirio. Morquencho escribe: “El cantar de la feria repleta de provincianos como yo/ retorna a mis oídos/ como silbido de viento clamando su existencia”; el viento que clama su existencia simboliza la vida de los provincianos, viento viajero que sopla y pasa volando desde los confines de la tierra (advenedizo por lo tanto), refrescando desde lejos un lugar, cualquier rincón del mundo, o por ejemplo: Lima la horrible.
El viento que se vuelve canto y que retorna a los oídos como un silbido podría ser esa conciencia delirante de la que hablamos al principio, conciencia que luego vive y siente: ”tratando de equilibrar la nostalgia/ bajo la sombra de un árbol” como canta Morquencho.
En el mismo poema que comentamos, Parque universitario, podemos leer frases como “letanía de horas”, expresión de la cadencia y el ritmo tediosos de la capital; o leemos la frase “tarde macerada” que son ese mismo ritmo de fatalidad y absurdo impregnado en las horas durante un paseo por la gran urbe, ahora transformados en embriaguez, en calma evasiva, en olvido, completando el sentido con la frase “cántaros de chicha” y el parque se transforma en una visión multifacética y policroma, en escala de grises, de libaciones y sabores ancestrales. Luego de su paseo Morquencho retorna en autobús: “a resucitar mi habitación desconocida”, es decir retorna al recogimiento, a la soledad, al propio cuerpo confinado en un espacio cotidiano, que para Morquencho tiene la cualidad de ser desconocido, ignorado. ¿Por qué? Porque Lima es una ciudad que nos extrae el espíritu y la vida como un holocausto al absurdo; porque apiñarse diez millones de seres humanos en un solo sitio parece una locura, algo irracional. No podemos ser todos, y a veces ellos te niegan ser algo, te quedas vacío, solo y no sabes quién o qué eres.
De nuevo en el autobús, retornando a casa, en la 73, ese elefante verde que cruza Lima de norte a sur, Mario Morquencho percibe los rostros de los seres que habitan la metrópoli, los escruta, advierte sus estados, los recrea poéticamente y nos muestra sus poéticos pasajeros de autobús, sentados o parados, como otra ofrenda del delirio: rostros que tienen todos los colores, de “bigotones, dormilones y viejos verdes”, “De princesas sin príncipe”, de “obrero mal pagado”, etc. El solo acto de mirar con la sensibilidad despierta, poniéndose en el otro, simula esa comprensión que se aleja y se acerca de la verdad como el delirio. Cada rostro se transforma en un acto verbal del poeta mientras la 73 sigue rumbo a Chorrillos.
Lima propiamente, es vista por Mario Morquencho como un “cielo preñado de sótanos/donde jugamos a vivir”. La imagen de los sótanos en el cielo es agramatical y contradictoria, con una connotación especial, que nos desvela lo que significa la urbe para el poeta. Cielo igualado a subsuelo. Confinamiento y libertad; en cierro e infinito; el cielo preñado de sótanos habla de una posibilidad, una esperanza, de soledad y libertad, “jugar a vivir” nos lleva también a la idea de libertad. Pero, ¿no es acaso que jugamos en los sótanos como los niños, y que el cielo preñado no es otra cosa que la mujer solitaria, libre, infinita, maternal, que nos ofrece “jugar a vivir” como la esperanza en la dicha y la plenitud, allí precisamente, en la gran urbe, sobre la cual se extienden penas, miserias, fatigas, tanto como falsas grandezas y oropeles. Allí Morquencho cantará a las “cartitas de amor” flotando “en heces por el río” o “algún borracho que micciona decadencia” y es así porque solo mirar y escuchar en las grandes ciudades como Lima te puede llevar a ese delirio involuntario donde se mezclan belleza y coprolalia, grandeza y miseria.
La imaginería poética de Mario en su delirante Lima vivencial es de primerísima inspiración, de acercamiento piadoso, revestido con lo mejor de los recursos estilísticos de nuestra tradición poética. El libro entraña un tributo a Trilce y al surrealismo, a Martín Adán y Jorge Eduardo Eielson, entre otros registros verbales y rasgos de estilo. Hay un aporte de los setentas en tanto hay ritmo urbano, protesta social, existencialismo, integralidad, como quería Juan Ramírez Ruiz y los horazerianos. Pero en Mario la protesta se diluye en la visión intimista y por el otro lado el altruismo se desnuda en una sensibilidad metafísica, tal vez en una búsqueda de una esperanza más radical, trascendente y poderosa frente al vacío y la nada. “Cuando suene la campana, el amarillo del desierto se confundirá con el sol”; es decir, en la nada y el vacío de una ciudad anómala, amoral, absurda, viciosa, finalmente la luz viajando en el infinito, como es el título del último poema, en el que hay una especie de visión profética, una promesa y una utopía, más allá de la muerte y el absurdo, para esos limeños que se han despertado llorando, como dice Eielson en el epígrafe del libro de Mario. El surrealismo y el intimismo se dan la mano en esta poesía donde Lima se ha transfigurado como en un sueño, se ha convertido en delirio.
FUENTE: Conglomerado Cultural
FUENTE: Conglomerado Cultural
miércoles, 19 de mayo de 2010
EL BURRO (texto completo)
Después de 3 noches de insomnio y de guarecer en esta historia, nacieron estas palabras.
Un cortometraje de Jair Uzziel.
Participan:
- Sandra Enciso
- Mario Morquencho (Voz y Texto) xD
EL BURRO*
En un paisaje alejado de todos los colores y sobre el tramo de asfalto hirviendo, cabalga el tiempo. Cabalga entre las lomas y el pueblo. Cabalga entre la vida y el sueño.
Donde las aves anidan el vuelo abstracto, la aldeana respira el delirio de la dama bajo la flor oscura. Donde los bueyes cantan, él muere muy enamorado en la imposible posibilidad que brama el oblicuo pueblo mientras taciturno el gris ceniza de su humanizado cuerpo lo lleva siempre a ella…
Y la querencia natural que los amantes claman, a veces, sólo a veces, tienen entre dos árboles que bailan la misma mujer de sangre insoluble, la misma mujer soñada…
Y entre las cruces de mil estaturas, ella limpia sus nombres ya distintos… y distantes: Olvidados.
Porque a veces los amantes gozan la misma vida desolada. Porque a veces los amantes tienen el mismo muerto atragantado. El silencio compartido. El amor tan ignorado… Y huye uno del otro para verse… para no verse… para amar solamente un pedazo de vacío cercado en el corazón frío que tiembla y tiembla sobre el lomo cuando el dia brilla más que el sol.
Último destello del día. Él anda por la trocha y la tarde llama a la noche. Anda pensando en ella que es una tierna dolencia, anda tan bien y tan mal enamorado, pensamiento confundido entre el lamento del animal domesticado que pasa.
Detrás, él, en una procesión de dudas, corderos, bueyes y el burro que se repite cabizbajo, es él cruzando un minado Jerusalén, con la obstinada y silvestre necesidad de estar con ella, de exiliarse en el sueño quijotesco y decir que el amor nos hace tan salvajes al pensar que un par de casas de adobe separan un continente… Y pensar que un par de pasos más y el gran portón abrirá el tiempo y la vida. Un par de pasos más y la tierra en sus cascos inferiores arrastrarán el deseo de dar un par de pasos más para sacar, urgentemente, la llave del bolsillo, introducir la luz en el ojo oscuro de la habitación, abrir la intención y cerrar los ojos para deshojar la borrosidad del sueño que se abre…
El ojo del infinito observa:
La aldeana, con un sombrero de amapolas, yace de pie en la esquina de una estrella campestre donde el ganado fugitivo inventa una historia.
Sentado sobre los dados del sueño, él canta desde la sonriente montaña como el viento aventurero, como el viento enamorado que nos roza la cara.
Ya en el humilde patio del cielo, la aldeana alimenta a los patos: querubines tristemente telúricos, telúricamente locos. Ella piensa en él. Piensa como un ángel en sus alas. De manera lunar, crepita pensándolo insondable… y ahonda, en la pequeña noche venidera de la choza, su orbe…
En el primer encuentro, los tiernos grises del corazón vagan tibios y desde el campanario Dios los observa: Ella delante, incitándolo, con el camino adherido a la espalda y las alas ocultas en el paraguas. Él detrás, memorizando las pequeñitas huellas que llevan a casa…
Acabada la cena de los cuerpos, ella amansa el beso alocado que aúlla en sus labios. Él la observa aún desnuda en un rincón de la casa y profundamente piensa ¡Qué bonita flor tan salvaje!
Así es cuando del amor comulgamos, late el corazón compartido en ambas manos y en ambas manos explota la comunión de los paisajes como un planeta que se crea. Así el dulce caos, delirante, lo retorna y aprisa, aprisa el orgasmo de gritar: ¡Qué salvaje flor tan bonita!
Entonces van como el agua en un solo río por el camino de la mano y él…él canta, tiene un jilguero oculto entre sus manos, tiene mil aves evaporadas en todo su aire:
aire que la llama
alma que la nombra
ansia que la clama
ojos que la tocan
boca que la extraña…
La aldeana acude a su llamado. Se sienta a su lado. Abriga el frío costado. Lo consuela. Lo ama. Su silencio es una brisa bajo el árbol.
Y entonces marchan los enamorados. Van recordando, como el bosque, a todos los colores alucinados, y ya con el rostro extinto caminan distanciados por el último tramo casi evaporado, al mismo instante en que la pastora solitaria, entre ramo de gritos y chorritos de esperanza, cruza con el ganado deshojando adioses y florcitas de nostalgia.
Pero la aldeana recorre el rito sagrado como una niña atada a la ronda de la luna. Entonces la canción desata el último crepúsculo y la oscura caravana en la falda de la aldeana cava el clímax en el aire. Un circulo solar alrededor del árbol se multiplica y multiplica la necesidad que tienen ellos de lamer las piedras ardientes del amor que a veces los desliza, que a veces los sumerge, que a veces los ahoga o los va quemando, poco a poco, en la hoguera inevitable del pecho que arde, duele y deja sangrar la sangre que hierve como poción amarga o perpetua ceniza sobre la yerba venenosa y seca donde florecen los corazones rotos… los corazones muertos.
Y entonces todos los recuerdos se estrangulan mientras él, como una estatua, yace tristemente constelado en la puerta, entre el instante incomprendido y fugitivo donde el ojo del infinito cae vencido por los parpados hacia un mundo mal herido
Donde el amor quizá tiene otra palabra, o se oculta en otros nombres, o simplemente es una constante herida que nos devora a diario.
Donde el amor quizá carece de puerta, de labios, de rebeldías mutuas, de valentía al no querer cruzar al otro lado. Y sumarle al saludo esa palabra perdida en los labios. Sumarle otra mirada. Sumarle una caricia
Quizá entonces, sólo quizá, después de caminar tanto en esta vida, el ojo infinito del sueño regrese a observar.
*El texto en negrita es lo que se lee en el corto
lunes, 17 de mayo de 2010
EXTRAÑA Y URBANA
La breve anotación biográfica que acompaña este poemario nos dice que Mario Morquencho nació en Piura en 1982, llegó a Lima en el 2006, empezó a escribir poesía durante una época depresiva de su vida y renunció a su trabajo para escribir este libro. Y al leer “Ciudadelirio” entendemos por qué. Empujado por la angustia, Morquencho sale a las calles de una ciudad que le resulta extraña, asombrosa, repulsiva, seductora y, a la manera del paseante baudelairiano que inaugura la poesía moderna tal como la entendemos hoy en día, transcribe sus impresiones en versos que emulan el ritmo vertiginoso de la urbe. Visiones de cines, parques, edificios, horizontes industriales, puentes y un relato que parafrasea a Poe (“Asesinato en la calle Omicrón”) delatan la deuda de Morquencho con la literatura de fines del siglo XIX. “Ahora me tendré que ir / por la odisea / y mi voz tendrá que luchar / con los claxon de las avenidas / y retornaré en autobús / a resucitar mi habitación / desconocida”.
Diario El Comercio
Lunes, 3 de mayo del 2010
http://e.elcomercio.pe/66/impresa/pdf/2010/05/03/ECCU030510c8.pdf
domingo, 16 de mayo de 2010
LA POESÍA COMO DESAFÍO A LA URBE POR JORGE HURTADO
Poeta Jorge Hurtado en el Chaska de Trujillo presentando Ciudadelirio de Mario Morquencho
En la poesía de Mario Morquencho, la ciudad no es un plan urbanístico, ni el sueño de una comunidad para vivir en un orden donde nadie pueda extraviarse. La ciudad a través de Ciudadelirio es un mapa laberíntico de emociones y visiones, una nueva geografía intima, esquizo, reinventada para formar parte de una nueva experiencia, a través no sólo de la visión contemplativa ni de la mera cotidianeidad, sino de fusionarse con la atmósfera del estallido, mezclar su piel con la piel de aquello que es tan fabuloso como un monstruo y que puede tragarnos y expulsarnos vacíos hacia un rincón de la noche. Y cuando este monstruo, este leviatán de infinitas paredes aparece con sus mandíbulas de cemento, aparece la poesía como única redentora para reconfigurar la ciudad y re ensamblar el caos, el humo, la desesperación, la violencia, el río por donde atraviesan los sueños de millones de personas en un paisaje poético.
¿Qué podría impulsar a un poeta a escribir sobre la ciudad? Hace casi cuarenta años, apareció un poemario que marco un hito importante en la poesía peruana, y además instauró una nueva voz en un escenario dominado por una literatura encerrada en sí misma. En los Extramuros del Mundo, el libro de Enrique Verástegui, apareció y la ciudad dejó de ser la misma. En la soledad de un nuevo territorio, el ser humano debe de trazar su mapa vital, sus rutas para sobrevivirse ante este mundo desconocido. Actitud totalmente ajena a adaptarse y seguir el ritmo impuesto por la tiranía de la rutina, dejarse llevar blandamente por la monotonía y el hastío de callejones que llevan a la desesperación y a la muerte. El impulso que lleva al poeta a fusionarse con la ciudad, de auto expulsarse una vez que se han sumergido en los miasmas de las márgenes y de los afectos inconexos, a reinventar cada paso que da contra el tráfico, el impulso no es otro que elegir entre las infinitas posibilidades de reafirmar un yo, es disolverse en la ciudad para recuperar ese yo perdido, el retorno a la voz primera antes de la contaminación de su espíritu. Es robarle de nuevo su espíritu al leviatán, a la urbe, para habitar de nuevo en ella, en lo terrible conociéndolo. La vuelta a la tuerca para sobrevivirse, esto también se encuentra en la poesía de Mario.
La poesía muchas veces es vocación, pero además es actitud. Es ingresar en la noche más oscura dentro del laberinto para asesinar al minotauro, buscamos desenfadadamente a la bestia para liberar el destino trágico de las visiones impecables, pero en la travesía nos percatamos que nos transformamos o somos nosotros el minotauro. Destino inexorable de aquel que se atreve a sortear los caminos de la poesía, de ese ir más allá de la palabra a través de ella. Así ingresa el yo poético de Ciudadelirio, atraviesa la ciudad en su versión más dura, atraviesa celdas, callejones sin salida, ríos de desesperanza, microbuses que llevan hacia la nada, ventanas que dan hacia uno mismo en la soledad más siniestra, edificios que navegan como barcos ebrios en el mediodía para luego verlos naufragar en plena medianoche, de encuentros que prometen un sueño que se desvanece al abrir las puertas de la habitación. El abismo en sus mil versiones. El hombre que descubre el desgarro, su propio desangrarse, pero que no da tregua a esa sensación de caminar constantemente en el filo de los precipicios, sino que lidia
“…con el humo
con la ciudad
con el cielo preñado de sótanos
donde jugamos
a vivir”
(La Ciudad, 11)
Así termina el primer poema del libro. Su invitación al inicio del viaje, como aquel viaje de Baudelaire donde expresa: “En desiertos de tedio, un oasis de horror!”. Pero por eso esta invitación no se queda en aquella primera visión iniciática ante el monstruo de la urbe, sino que nos coloca allí como cómplices, como compañeros de aquella experiencia vital de Ciudadelirio.
* Palabras leídas el 28 de abril de 2010, día de la presentación de Ciudadelirio de Mario Morquencho en POESÍA DE MIÉRCOLES - CHASKA de Trujillo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




