domingo, 16 de mayo de 2010

LA BRÚJULA DE LOS MURCIÉLAGOS POR TULIO MORA (CIUDADELIRIO)



Mario Morquencho (piurano, de 28 años) es un caso atípico porque estudia una carrera científica en la UNI y escribe poesía. Los hay sin duda (Armando Arteaga, por ejemplo, es arquitecto), pero eso no invalida la primera sorpresa sobre su predisposición creadora. La segunda es que sus poemas de “Ciudadelirio”, publicado por Sol Negro, no están invadidos de lo que podríamos llamar una “deformación profesional”, como resultado de la influencia de su carrera, sino que fluyen más bien con el instinto de los sentidos. Desde el primer poema, “Ciudad”, que él concibe más bien desde la perspectiva de los cerros (o sea desde la periferia) que rodean la metrópoli, ya alude a “palabras-murciélago”, es decir al animal ciego que sólo puede orientarse por el sonido que emite un radar, para deambular por los dos lados de un solo mundo -la ciudad- y escribir sobre el inevitable contraste, aunque para ello recurre más bien a la imagen, al registro visual como un cronista que quisiera reproducir los más insólitos detalles de un lugar que le ocasiona el delirio, el frenesí y contra los cuales no puede combatir, solo testimoniar.

Me interesa el neologismo polisémico “ciudadelirio” porque encuentro en él hasta tres significados: el más obvio, que estamos frente a un texto-testimonio sobre la megaurbe (la crítica colombiana Consuelo Hernández menciona que la poesía latinoamericana casi inevitablemente es una escritura de la experiencia), sobre la que declara que aún no se acostumbra a ella (Morquencho vive en Lima desde hace cuatro años); el segundo, que intenta encontrar una hoja de ruta catártica frente al caos visual, al inmovilismo, a la indiferenciación de los rostros robotizados, automatizados, en un ensimismamiento que paradójicamente, a la vez que los reúne en una masa sin forma, es también un ajenamiento, una extrañeza y entonces el protocolo de la relación entre extraños y privados nace de la desconfianza.

Pero el tercero suma un elemento geográfico (el río), estamos hablando del Rímac, claro está, como otro símbolo de la bipartición espacial. Precisamente uno de sus poemas lleva ese título y lo que le sorprende, a un hombre habituado a la extensión inabarcable del mar, es que, como la ciudad que el río atraviesa, estamos ante un afluente que ni siquiera resiste la muerte: “¿Suicidarse desde allí? (se refiere al puente) -¡ni loco!”- y que si hubiera peces en esas aguas sufrirían cadena perpetua. Para Morquencho, otro hijo de Vallejo, este río “nos aborta/ hacia el vómito infinito/ de Dios”.

Un texto que ha optado por la regurgitación de la experiencia, por la expulsión orgánica de lo que asimila diariamente a través de los sentidos, no facilita a un lector clásico que quiere encontrar en la poesía la polémica belleza, sino más bien la empatía por lo atroz, por el horror y por lo grotesco. En buena cuenta los poemas de Morquencho podrían calificarse como un recorrido por la feria de la miseria que nos ha paralizado a los habitantes de Lima (me remito al poema “Stop”) y de la que solo quisiera dejar como testimonio la palabra.

Derek Walcott, ese poeta caribeño extraordinario, escribe en alguna parte de “Omeros” que los in-significantes, los invisibilizados por el poder y las asimetrías sociales, no tienen memoria de su pasado y si la tienen está deformada por la historia oficial. Por eso mismo, sus emisores asumen la escritura como un deber (digamos con la misma actitud ética, casi desesperada, de un Huamán Poma de Ayala) para capturar la escritura y convertirla en el instrumento de su testimonio (Morquencho compara a la poesía como un grafitti en una pared) en su tránsito no muy confortable por la vida.

Es lo que ha hecho este poeta que tiene en la primera parte de “Ciudadelirio” varios poemas de una factura muy consistente, como “La siete tres” (el número de un vehículo de una línea de transporte público) a través de cuyas ventanas recorporiza esos rostros sin rostro “que llevan una ecografía de día lunes”; o “Cine”, un apunte muy breve, pero logrado, que a partir del detalle menos visible (los créditos de una película) logra extraer un mensaje filosófico, “como la vida que despierta/ y la otra que se duerme/ junto a la ventana cerrada a la fantasía”; o como su versión premeditadamente caótica de la memoria histórica que le suscita el famoso Parque Universitario, escenario ya clásico en la nueva poesía peruana, desde la conquista española hasta el fenómeno de la migración, del que Morquencho se siente uno más entre provincianos y que para distanciarse de esa uniformidad -en la pobreza, en la frustración- regresa a “resucitar” a su habitación.

El más notable es sin duda el poema en prosa “Asesinato en la calle Omicrón” que comienza explícitamente con el reconocimiento de no ser nada: “Lo he matado. Me he vengado de los meses de invisibilidad. De ser como cualquiera”. En este caso, ya extremo, la palabra-murciélago es un cuchillo y el asesinato un alegato contra todo el sistema que ha convertido a la vida en “una enfermedad extraña que se llama olvido”.

Creo que si Morquencho sigue esta ruta podría depararnos gratas sorpresas en otras publicaciones. “Ciudadelirio” aporta también en esta nueva poética que se inició en los 70 cuando el registro multitonal sobre la ciudad despertó a los satisfechos y silenciosos, a los orfebres de una belleza que no exteriorizaba a los nuevos sujetos sociales que iban poblando Lima y todo el país. Pero no hay una sola belleza, eso es lo que Morquencho vuelve a ratificarnos, como los poetas que lo preceden, desde Hora Zero, Kloaka, Neón, hasta los más jóvenes de este siglo. Lo que hay es una geografía brumosa e incierta por la que el poeta avanza con la brújula de los murciélagos.  
 
Texto de Tulio Mora leído por Pierre Castro en la presentacíón de Ciudadelirio en el Salón de Hora Zero 22/04/2010

domingo, 2 de mayo de 2010

CIUDADELIRIO//EN POESÍA DE MIÉRCOLES CHASKA TRUJILLO

Presentación de Ciudadelirio en Chaska Trujillo/// 28 de abril de 2010

LA SIETE TRES

CIUDADELIRIO-TRUJILLO

viernes, 16 de abril de 2010

CIUDADELIRIO



LA OBRA

A veces los poetas olvidamos que la realidad es parte vital de la ilusión. Mario no, él contempla y luego sabe, transforma en conocimiento lo observado, lo registra en versos que nos golpean el rostro y que luego nos consuelan. Nos muestra la ciudad en un tour humano donde las veredas dejan de ser asfalto para convertirse en piel. Lima, la gris y terrible Lima, puede difuminarse hasta el blanco más puro u oscurecerse al vacío total.
Ciudadelirio es la reflexión del que ve en las calles mucho más que peatones, restaurantes y jardines. Es ver el cielo preñado de sótanos, rostros que tienen rasgo de papel cansado, la mente convertida en un globo, el equilibrio de la nostalgia muy bien logrado.
Karina Valcarcel
EL AUTOR

(Los Órganos-Piura, 1982). Empezó a escribir sin darse cuenta durante una época depresiva de su vida. Radica en Lima desde el año 2006. Formó parte del desaparecido colectivo Heridita. Ha participado en distintas ferias y recitales de poesía. Actualmente integra el colectivo Cadáver Exquisito. Renunció a su trabajo para poder publicar este libro. Aún no se acostumbra a la ciudad.

 PRESENTACIÓN DEL LIBRO
Día: Jueves 22 de abril de 2010
Lugar: Salón Hora Zero (Queirolo del Centro de Lima) Esquina de Camana con Quilca
Hora: 7:30 p.m.
Presentadores: Tulio Mora, Paul Guillén y Karina Valcárcel

Email: revistasolnegro@gmail.com
www.solnegroeditores.blogspot.com




domingo, 21 de febrero de 2010

SIETE Y MIL POEMAS MUERTOS



Y fue el primero. No el dueño de casa, soledoso, que tomaba ralo café en medio de la oquedad de la sala, sino el invitado que estuvo muerto. El primero que trajo tierra, también muerta.
______________________________    Flor, también muerta.
___________________________    Madera, también muerta.
El bosque, las aves, el cielo.
El carpintero en el subsuelo calzándose el propio ataúd.

Fue él quien convenció al segundo. Quien vino escoltado de insectos que arrastraban consonantes y vocales. Quien cargaba en los bolsillos cigarrillos sueltos, sangre de ron y un bolero de hematomas:
la puta canción del barrio.

Y convenció al tercero. Interlocutor de las sombras. Traductor de animales degollados, chirriantes como campanas dentro de una cámara de gas. La misma tecla irritante trajo un corderillo desatado de la niebla
- ¡Tiniebla! ¡Tiniebla!-
Cantaba el corderillo sobre la lengua del sol.

Incitó al cuarto, quien se rasca la muleta.
Vive lleno de amuletos en el cuello y plumas de cuervo que cantan como jilguero muerto en el medroso huerto donde la muchacha está húmeda de ajenjo.

El quinto. El sexto. El séptimo… Y continúa el inventario como la máquina para imprimir poemas, nomenclaturas de azufre, fotografías de poetas muertos: palabras de color y sabor a hueso.
¡Todo un áfrica!
Una hostilación de hormigas y gusanos que raptan uña, pelo y pellejo.
Los intestinos, las entrañas son un concurrido bar de artrópodos.
Y todo el tiempo es rebanado minuciosamente con un bisturí larcoherrera…

Profesionalmente, la armadura del corazón goteaba ángeles y serafines del país en duelo donde las escaleras son un invento de la más sofisticada ciencia.

Y poco a poco el corazón (que siempre será el corazón de un caballo en mil galopes), a pesar de la tierra-flor-madera muerta irá derramando tinta, ron o negreando la noche en un ralo café cuando el insomnio es relativamente igual a Dios.

martes, 16 de febrero de 2010

EL MUNDO ES ANCHO Y AJENO

«Defendamos nuestra tierra, nuestro sitio en el mundo, que así defenderemos nuestra libertá y nuestra vida. La suerte de los pobres es una, y pediremos a todos los pobres que nos acompañen. Así ganaremos... Muchos, muchos, desde hace años, siglos, se rebelaron y perdieron. Que nadie se acobarde pensando en la derrota, porque es peor ser esclavo sin pelear. Quién sabe los gobernantes comiencen a comprender que a la nación no le conviene la injusticia»

Ciro Alegría Bazán
(*Sartimbamba, 4 de noviembre de 1909[1] - †Chaclacayo, 17 de febrero de 1967)


lunes, 4 de enero de 2010

TRANVÍA



La palabra que canta es un litio derramado. Tiene el vítreo acento de un bar meditabundo donde el tranvía recorre el riel de la locura.
Y la palabra loca no es diagnóstico en psiquiatría, no se vende en las bodegas ni boticas como los abrazos pañuelos o bufandas que abrigan yugulares paralelas a los días.

La palabra que canta, canta como las puertas viejas que se abren y volteas con escalofrío desovado, cruzas centímetros cuadrados en la noche de diciembre y aguardas como el hielo del vaso las ubres de un ron añejo.

La palabra que canta se injerta en los números. Suma la palabra otras palabras, multiplica las palabras del silencio, divide las primeras que susurran y sustrae el diccionario de la lengua que lame escaleras a la luna.

Las matemáticas dan el infinito vasto de praderas, de caminos sobre ciclos de opio en la mente espuma de mar o de cerveza.
Y la palabra que canta se lanza desde un trampolín carnoso y rebelde a las leyes de la física vuela como un invertebrado de colores.

Sólo es soluble la palabra a la sangre de los corazones tibiamente condenados a los puentes rotos.

La palabra que te canta y te abraza proviene del pecho que se agranda salvando al otro evaporado.

La palabra que canta amor por amor, orgía: es la máquina reproductora de la vida, el motor de este tranvía que penetra los túneles que guardan en los círculos azules el vientre de las palabras que nacen y nos reproducen en las cavernas, nos desatan de las piedras y nos dicen:

- N U N C A M U E R A S-

pasajero del tranvía sobre el riel de la locura

miércoles, 28 de octubre de 2009

CANTO DE LOS NAUFRAGOS




La nueva guarida del mar
________está en tu sexo.
Mi lengua barca azul
boga borracha en la corriente.

Soy el navegante inesperado
Canto el eco de los náufragos en
la isla ajena flotando sobre el vino.

Tú bailas desnuda como una mantarraya
_______________debajo de mi cuerpo.
Yo respiro bajo el mar como
hundido barco piel de algas
que en la noche es chasquido de
dos estrellas que se besan.

Yo no sé si son gemidos
el sonido de las olas que despiertan a la luna,
o son tus uñas soterradas en mi piel de navegante

como el corazón de los amantes en el filo de las rocas
________________________________bajo el agua.